Diariamente estamos expuestos a más de 2.5 trillones de bytes de información a nivel global, una cifra histórica que nos ha hecho asociarnos en lo cotidiano a conceptos como “transformación digital”, “Big Data”, “Fake News”, e “hipertransparencia”.
Estamos en un mundo “infoxicado”, en el cual es casi imposible operar ignorando la big data, ya que se ha involucrado en nuestras tareas diarias con algoritmos de predicción que deciden cómo nos posicionamos digitalmente. La big data hoy traspasó las fronteras del uso personal; aplicándose con cierta eficacia en la política, los negocios o en otros ámbitos que inciden en la percepción, y, por ende, influyen en la construcción de la reputación.
Este insumo digital nos permite detectar tendencias, analizar patrones de conducta, conocer mejor a organizaciones y a los líderes de opinión; pero no es suficiente data si no se le suma el análisis desde la “Thick Data”, la cual no es otra que esa información cualitativa que provee del “factor humano” que permite entender patrones de comportamientos relacionados a los sentimientos, emociones e intenciones desde la sociología, antropología o incluso análisis periodísticos. Son muestras más pequeñas, que nos entregan profundidad en esos por qué de los fenómenos.
Por lo tanto, si comprendemos que la Big Data no es nada más que el almacenar y gestionar grandes volúmenes de información; y que a través de softwares de social listening se puede escuchar y monitorear data de RR.SS.; estaremos claros en qué usos se le pueden dar y no, en un contexto de masificación en el que se ha vuelto un commodity necesario para cualquier organización; pero que solo se vuelve un imperativo con el uso de la Inteligencia ya que, sin ésta, su uso se limita a data cuantitativa aislada con resultados inciertos y conducentes a error. Especialmente, cuando se le otorga la capacidad autónoma de identificar patrones de comportamiento o causalidades a fenómenos altamente complejos, como son los de carácter social.
El desafío no está en la fuente de la big data, sino en la capacidad de obtener información valiosa y que no proviene de manera autónoma del software con inteligencia artificial; sino del análisis multifactorial y disciplinario que permitan contrastar con otras fuentes de información percepciones de distintos grupos de interés. Se vuelve clave entonces, el uso de tecnologías innovadoras y un tratamiento científico de los datos que nos permitan conocer patrones de comportamiento relativos a una organización o individuo con análisis profundo del mundo digital.
Estamos viviendo un momento de grandes cambios sociales, probablemente por nuevas expectativas generacionales. En consecuencia, estas herramientas bien utilizadas por los líderes de organizaciones públicas y privadas se transforman en una alternativa clave para entender bien estos estándares, anticipar transformaciones ciudadanas, y poder así cumplir, con sus grupos de interés.