En los últimos meses el país ha vivido acelerados y profundos cambios sociales, económicos y políticos; que han modelado las expectativas ciudadanas, las cuales hoy están basadas en necesidades sociales básicas. Es así, como nos vimos expuestos a la inequidad en su mayor dimensión; siendo esta nueva “verdad social” la que influye, convoca, une y moviliza.

Es así como nos encontramos con un activismo que es transversal al rol de ciudadano, trabajador y consumidor; y que cambia pautas de consumo de acuerdo a la reputación de la marca y le evaluación que tiene la ciudadanía respecto de los líderes de la empresa. Estamos en tiempos de más softpower, donde atributos del liderazgo femenino como: escuchar, dialogar, empatizar y conectar desde la emoción; deben ser aprendidos por todos quienes pretendan ser sostenibles.

Debemos salir comunicacionalmente de lo contable; para generar emoción, esperanza con una visión de futuro post crisis y de una actitud humana que reconoce al otro. Esta es “la persuasión” que tanta falta hace en nuestro país, donde la saturación de malas noticias ha producido una peligrosa inercia en la sociedad.

Una realidad que demanda marcas que sean reputadas; que sean colaborativas, empáticas, con “calle” y dialogantes. Todos esos atributos, son piezas claves para que nuestro país pueda avanzar. Sale el estilo vertical y entra la horizontalidad; para recuperar la capacidad de escuchar, de anticiparnos a los cambios sociales y recuperar el activo reputacional de toda empresa: la confianza ciudadana.

Confío en que tendremos próximamente empresas responsables que a través de potenciar su propósito social logren un progreso sostenible. Para esto resulta imperativo la escucha activa de los stakeholders, leer el contexto, adaptarse a esta “verdad social”; aportando valor al bienestar de las personas, en lo económico y medioambiental.

A lo anterior, debe sumarse la capacidad de los liderazgos de tangibilizar su conducción con proyectos que innoven y que respondan de manera concreta a las principales necesidades de sus grupos de interés. En decir, la ecuación perfecta de un buen líder hoy es: un buen relato, habilidades blandas y la concreción de sus promesas con coherencia y consistencia. No olvidemos que lo prioritario en este momento es la generación de certezas.

Es de esperar que este desafío no le quede grande a las marcas y sus líderes y que sean capaces de influir a través de maximizar el diálogo deliberativo, evitando el conflicto, cuidando la democracia y neutralizando las ideologías y utopías. Porque es la única manera de darle conducción y viabilidad a un nuevo sueño de país.

Finalmente, es bueno recordar que en tiempos de persuasión y contrapersuación la realidad se reduce simplemente a una ilusión producto de la falta de comunicación.

bsr

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